***Néstor García Canclini presentó una investigación sobre economías creativas y nuevos procesos de producción y consumo cultural en México
*** Hoy los debates sobre cultura y políticas culturales llegan a conclusiones equivocadas porque omiten el estudio de nuevos comportamientos sociales, asegura
La inestabilidad del mundo y la precariedad del mercado laboral induce hoy a los jóvenes a acomodarse a trabajos inestables, a articular la dependencia familiar y la independencia personal, a usar recursos públicos y privados, formales e informales, y a tácticas de agrupamiento novedosas para trabajar y manejar la incertidumbre, de lo cual deriva su participación ascendente en la economía de la producción cultural y como consumidores e impulsores de las tecnologías digitales en todas las áreas de la creación y comunicación social.
Esta es una de las conclusiones de la nueva investigación encabezada por el sociólogo Néstor García Canclini, profesor distinguido de la Universidad Autónoma Metropolitana e investigador emérito del Sistema Nacional de Investigadores de México, dada a conocer en el Encuentro Internacional Arte y Sustentabilidad, celebrado en La Nana, Fábrica de las Artes.
El ex consultor de la Unesco y del BID en temas de cultura y desarrollo, focaliza su estudio en el vínculo entre cultura y desarrollo, y en la presencia de nuevos procesos que se presentan en México en los campos de las llamadas industrias creativas y del emprendurismo social, para ver qué pasa con los jóvenes, que tienen muchas dificultades para ser independientes económicamente y para financiar actividades creativas.
A su juicio, es importante repensar dos capítulos de la teoría social o de los estudios culturales en México, de cara a los comportamientos de las nuevas generaciones, determinado por las nuevas formas de organización socieconómica y tecnológica, y el escenario de la actual crisis del país, marcado por una retracción de mercados de trabajo y el surgimiento de modelos de organización empresarial o de emprendimiento en la sociedad mexicana.

La investigación de García Canclini se coloca en el escenario de la discusión que hay en otros países europeos acerca de si las industrias creativas son el motor del desarrollo o una receta para las fallas del desarrollo. En relación con lo cual, el doctor en filosofía consideró que la pregunta que hay que hacer es si los elogios a la creatividad y el emprendimiento, no encubren la gravedad del desempleo o la incapacidad del actual modelo económico para incorporar a las nuevas generaciones.
Lamentablemente, dijo, existe una escasez de información, una desconexión con cifras macrosociales, como el porcentaje del PIB (Producto Interno Bruto) que los economistas atribuyen a las actividades culturales o los más de siete millones de “ninis” que no estudian ni trabajan y, por otro lado, muy pocos datos acerca de las relaciones entre las políticas culturales para jóvenes o las políticas culturales y los hábitos actuales de consumo de la población, el aprovechamiento de la conectividad y las brechas persistentes en el acceso a las redes.
También se carece, anotó García Canclini, de una evaluación actualizada de los programas educativos que forman las profesiones creativas como los músicos y las instituciones de difusión de la cultura, como los museos, ediciones de discos y videos, en relación con las formas actuales en que los jóvenes consumen y se agrupan para crear y comunicarse a través de redes no convencionales.
Entonces, se interrogó, ¿cómo construir hipótesis explicativas de estas situaciones en un país como México estancado en los años 80, con un crecimiento menor al promedio latinoamericano en los años 90 y primera década del siglo XXI, en que se acentúa la desigualdad de los ingresos y la distribución de los recursos económicos, educativos y culturales?
De allí que el autor de libros como Consumidores y ciudadanos, Las industrias culturales en el desarrollo de México, La globalización imaginada y Culturas híbridas (considerado en 1992 el mejor libro sobre América Latina), subrayó la necesidad de redimensionar el predominio de las industrias comunicacionales y la iniciativas privadas en el desarrollo cultural, frente a la explosión de tecnologías digitales y dispositivos de red, así como de formas de asociación no sólo digitales, que crean relaciones sociales más horizontales y flexibles que las establecidas en las últimas décadas del siglo pasado.

Ante emprendedores, gestores, promotores, financiadores y expertos en marketing y planes de negocios, de México, Estados Unidos, Colombia, Brasil, Inglaterra y España convocados por las asociaciones ConArte y OCCA/Tercera Vía, el investigador detalló tres fenómenos visibles entre jóvenes dedicados a distintos tipos de actividades creativas o expresivas, los llamados emprendedores independientes, emprendedores culturales, los que marcan posiciones en las tendencias o que son conocidos como “prosumidores”, mezcla de productores y consumidores, es decir, actores clave en una sociedad llamada de la información o del conocimiento, particularmente en tres campos que son atravesados por lo digital: las artes visuales, las editoriales independientes y la música.
Uno es lo que denominó “de la carrera a los proyectos”. Esto es, que los jóvenes de 35 años para abajo (de acuerdo con el rango en países europeos), ya no aspiran a hacer una carrera en la universidad; ahora piensan en proyectos dispersos que no se sabe bien cómo están potenciados ni que sustentabilidad o sostenibilidad tienen pero que, sin embargo, les dan por el momento oportunidades.
Trabajan con el conocimiento de que hoy están en una empresa que los contrata por seis meses, o que van a asociarse con otro para realizar un emprendimiento independiente, pero que disponen de financiamiento para seis meses; o que tienen una beca que los habilita por uno o dos años a hacer algo y después, tienen que inventarse otros proyectos, y si de pronto se produce el vacío y se quedan sin trabajo, recurren a la casa de los padres y después vuelven a independizarse.
La segunda noción que observa, tiene que ver con el consumo, concepto que, subraya, ya fue suplido por el de “acceso”. Antes, los jóvenes pensaban en trasladarse a ciertos lugares para consumir música, películas, obras de teatro, etc. Ahora, desde una computadora o algún otro dispositivo portátil tienen acceso a mucha más información que en el pasado, no sólo de la ciudad y del país, también pueden interactuar con gente de otras naciones. De manera que se pasó del desplazamiento a las descargas.
El tercer proceso identificado es el paso de la sociedad estructurada hacia asociaciones frágiles. Los jóvenes –y también algunos mayores- crean redes para realizar proyectos, se asocian con otros que incluso no conocen y a veces a distancia, para realizar proyectos con un sentido del trabajo comunitario en medios urbanos y con todos los recursos tecnológicos que pueden potenciar lo que se hace.
La investigación de Canclini apunta también a encontrar las diferencias que se presentan en cada campo de estudio. En ese sentido, observa que el de las editoriales parecería ser el más alérgico a lo tecnológico. Los jóvenes siguen apostando al libro o a la revista en papel, aun cuando también la suban a la red.

Los jóvenes editores funcionan con equipos pequeños de personal y se financian a veces con apoyos estatales o de fundaciones privadas, con recursos que obtienen de apoyos familiares o trabajando en otras profesiones. No les anima hacer carrera en un gran grupo editorial, prefieren ser free lance, trabajar en horarios flexibles, convencidos vocacionalmente de lo que hacen. Unos pocos consiguen conocer la lógica general del mercado e insertarse con cierta racionalidad comercial, y tampoco apuestan por salvarse mediante la innovación tecnológica.
En el caso de la música, distingue tres generaciones: la mayor, la de las disqueras, o sea, grupos condicionados aún por la industria musical que quieren tener su disco, editarlo, venderlo; la de los compilados, que intentan insertarse en circuitos mercantiles y mantienen una cierta nostalgia o deseo por compilarse, por editar objetos; y los más jóvenes, la generación digital, constituida por bandas emergentes que actúan principalmente en redes sociales, que es la que se abre más espacios de autoempleo.
Mientras que en la escena de las artes visuales, lo que encuentra es que los jóvenes se movilizan a prácticas de sentido común diferentes. Hay muchos lugares en la ciudad donde los artistas se reúnen, exhiben, inventan, ensayan, fracasan y se reinventan. Tienden a practicar programas que impliquen un desarrollo organizado de media duración, no proyectos tan frágiles, no como acciones únicamente individuales sino asociadas y que trascienden incluso lo artesanal en el sentido más tradicional.
Entre las conclusiones de este estudio anticipadas por Néstor García Canclini, es que hay muchos motivos para dudar de qué tanto futuro existe para este tipo de emprendimientos de la sociedad civil organizada. “La visión idealizada de las economías o las industrias creativas nos crea muchas sospechas. Nos preguntamos hasta dónde son economías creativas y hasta dónde comienzan a ser también economías de autoexplotación”. Y dijo que se hace necesario “desmantelar la ilusión de que las economías creativas pueden salvar a un país que no tiene políticas de desarrollo”.
Con respecto a ciertos debates que hoy existen cuando se habla de cultura, de políticas culturales o de industriales culturales, Néstor García Canclini subrayó que llegan fatalmente a conclusiones equivocadas, en la medida en que se elaboran a partir de miradas de otro momento.
A manera de ejemplo, interrogó: ¿Si se cierran librerías significa que la gente está dejando de leer?, ¿Si cae la asistencia a las salas de cine y últimamente desaparecen muchos Blockbusters o videoclubes, es porque cada vez se ven menos películas?
“Para entender por qué estas conclusiones están equivocadas, precisó, necesitamos mirar cómo se desenvuelven los nuevos comportamientos de los productores de cultura, de los lectores, de los espectadores, pero sobre todo de los más jóvenes; y estudiar las tácticas y estrategias creadoras de las nuevas generaciones, que ofrecen vías distintas de comprensión que las que daban las encuestas de públicos o los balances de ventas de las industrias culturales, que aún se siguen haciendo y con las cuales se pretende hacer afirmaciones acerca de qué va a pasar o qué está sucediendo con la música, con la industria editorial, con las artes visuales o con las artesanías”.
















